Cuando te aprieta el cucharón…

Hoy voy a hablar un poco dequien un día, entre risas y juegos, al despedirme en la puerta de mi casa, me dio un beso que se transformó en eterno, porque se quedó conmigo como esa añoranza preferida, de aquella persona que se despierta a la madrugada y se pone a escribir historias, todas con algún personaje que se pasa buscando algo, no importa que, solo busca. “Me moviste el piso”, le dije, tan solo a horas de tomar un avión y marcharme de aquí…
¿Cómo lo conocí?, pues solo por esta vez voy a darle un crédito a la casualidad, porque aparecimos, en un mismo salón de clases de francés; yo siempre tan seria y de pocos amigos, él un niño dulce, alegre, llamaba mi atención.
Debo confesar que nunca me fue indiferente, incluso cuando
Yo no vi más allá de mis narices, porque ya tenía una vida hecha con aquel novio de los cien mil años que vendría de lejos para casarnos, pues era la promesa y eso era más cómodo que verme probando una nueva posibilidad.
La promesa se dio y a la última persona a quien llamé antes de irme, fue a él, para ese entonces yo ya llevaba una marca suya, el beso más tierno que había recibido en mi vida y ya habitaba en mi corazón, quien diría que eso luego haría eco en un país lejano, pero yo, había escogido una vida y no era junto a él.
Pasaron los años y un día volví, sin ilusiones, sin añoranzas, sin ganas de vivir.
Con los meses, golpes, frustraciones, desengaños, desconfianza, un domingo en la noche, como si nada, suena el teléfono y él en su tono peculiar, me cuenta, que encontró una libreta donde había una posibilidad, esa posibilidad que un día, la habíamos dejado ir.
Que para ese entonces mi hígado hablaba a mi nombre, es cierto; que habían demasiadas cicatrices, que a veces quemaban y aún con los parches que pusiste a mi corazón, el llanto seguía siendo amargo; que una vez más estaba siendo cobarde, porque no dije que tampoco era el momento, porque lo único que tenía era dolor para compartir y tú no entendías que mis carencias estaban de fiesta
Que irónico, tú me preparaste para todo, incluso antes del viaje me prestaste aquel libro que en ese entonces nunca lo leí, y hoy aquella frase me llega hondo: “Nada le es más desagradable a un hombre que tomar el camino que conduce a sí mismo. (Herman Hesse, Demian)”
¿Qué será de ti, Mon Petit Prince?
Quien iba a pensar que ahora, cuando hablo de ti, me pasa ese algo singular como cuando estás leyendo
"Cada vez que pienso en ti, así te veo, así nos veo, detenidos para siempre en ese lienzo, invulnerables al deterioro de la memoria..."

pao dijo
Hola...
Estuve leyendo tu perfíl, eres una chica muy dulce... "Todavía Creo en la Gente", me gustó esa frase, ojalá yo pudiera decir lo mismo, pero he tenido tantas malas experiencias y como consecuencia, me he podido dar cuenta que la gente siempre actúa de acuerdo a sus propios intereses, son muy pocos los que dan porque sí, siempre esperan algo, una "devolución de afectos". Leí tu escrito, ¿parece que te marcó el chico?, mi consejo, sigue tu camino, cuando las cosas no son en su momento, es porque no lo serán jamás, aunque uno tenga toda la disposición y las ganas... ¡No te pierdas, visítame de vez en cuando!, ha sido un placer...
un abrazo
15 Marzo 2007 | 05:18 AM